Aprender a pensar con inteligencia artificial exige criterio, curiosidad y pensamiento crítico. Descubre cómo la IA puede ayudarnos a pensar mejor.

¿La inteligencia artificial nos ayuda a pensar mejor o simplemente nos permite obtener respuestas más rápido? Una reflexión sobre pensamiento crítico, aprendizaje, competencias humanas y transformación del trabajo.

Aprender a pensar con inteligencia artificial: una nueva competencia para nuestro tiempo

La inteligencia artificial nos permite obtener respuestas, explorar ideas y resolver problemas con una facilidad extraordinaria. Pero ¿estamos aprendiendo también a pensar mejor con ella?

Una nueva pregunta para una nueva época

Durante mucho tiempo, aprender significaba adquirir conocimientos, desarrollar habilidades y ser capaces de utilizar lo aprendido para comprender el mundo y resolver problemas.

Después llegaron los buscadores de Internet, que transformaron nuestra relación con la información. Ya no necesitábamos recordar tantos datos: podíamos encontrarlos en cuestión de segundos.

Ahora estamos viviendo una transformación diferente.

La inteligencia artificial generativa no se limita a localizar información. Puede elaborar explicaciones, proponer soluciones, resumir documentos, analizar alternativas, redactar textos y mantener conversaciones sobre cuestiones complejas.

Millones de personas tienen hoy acceso a sistemas capaces de colaborar en actividades que tradicionalmente asociábamos al trabajo intelectual.

Y eso plantea una pregunta fundamental:

Si una máquina puede ayudarnos a pensar, ¿qué significa aprender a pensar con ella?

Con esta reflexión inauguramos IA para pensar, una colección dominical de IAGenerativa.es dedicada a comprender mejor la inteligencia artificial y su relación con las personas, el conocimiento, el trabajo y las organizaciones.

¿Qué significa aprender a pensar con inteligencia artificial?

Aprender a pensar con inteligencia artificial significa desarrollar la capacidad de utilizar sistemas de IA para comprender problemas, formular mejores preguntas, contrastar información, explorar alternativas y tomar decisiones fundamentadas, manteniendo el criterio y la responsabilidad humana.

No consiste solamente en aprender a utilizar una herramienta ni en dominar la manera de formular instrucciones.

Implica desarrollar una nueva forma de colaboración intelectual.

Podemos utilizar la inteligencia artificial para ampliar nuestra comprensión de un problema, descubrir perspectivas que no habíamos considerado o examinar críticamente nuestras propias ideas.

También podemos emplearla para obtener respuestas inmediatas y aceptarlas sin reflexionar.

La tecnología puede ser la misma. Lo que cambia es nuestra manera de relacionarnos con ella.

Por eso, aprender a pensar con inteligencia artificial exige algo más que familiaridad tecnológica.

Necesita curiosidad, conocimiento, pensamiento crítico, creatividad y capacidad para reconocer los límites de nuestras propias conclusiones.

Tener más respuestas no significa comprender mejor

Imaginemos a una persona que debe tomar una decisión importante.

Puede consultar a un sistema de inteligencia artificial, recibir una explicación convincente y obtener varias recomendaciones en pocos segundos.

La experiencia resulta sorprendente. Lo que antes exigía horas de búsqueda, lectura y comparación puede convertirse en una conversación breve.

Sin embargo, disponer de una respuesta no equivale necesariamente a comprender el problema.

Una explicación puede ser clara y estar equivocada. Una recomendación puede parecer razonable y basarse en supuestos inadecuados. Una conclusión puede resultar convincente sin considerar aspectos esenciales de la situación.

Los sistemas de inteligencia artificial generativa pueden producir información incorrecta, incompleta o aparentemente fundamentada sin disponer de evidencias suficientes.

La facilidad con la que obtenemos respuestas introduce, por tanto, una responsabilidad: aprender a examinarlas.

¿De dónde procede esta información? ¿Qué supuestos utiliza? ¿Qué alternativas no se han considerado? ¿Qué consecuencias tendría aceptar la recomendación?

La inteligencia artificial puede ayudarnos a encontrar respuestas, pero comprenderlas y decidir qué hacer con ellas sigue exigiendo criterio.

Y ese criterio no aparece automáticamente por utilizar herramientas más avanzadas.

Pensar con inteligencia artificial no es dejar que piense por nosotros

Existe una diferencia importante entre utilizar la inteligencia artificial para ampliar nuestras capacidades y delegar en ella cualquier esfuerzo intelectual.

Podemos pedirle que escriba un texto y aceptar el resultado sin examinarlo.

O podemos utilizarla para explorar argumentos, descubrir perspectivas diferentes, identificar debilidades en nuestro razonamiento y mejorar nuestras propias ideas.

Podemos solicitar una solución inmediata a un problema.

O podemos pedirle que nos ayude a comprender por qué existe ese problema, qué información necesitamos y qué alternativas merecen ser consideradas.

La herramienta puede ser la misma. Lo que cambia es nuestra participación en el proceso.

Esto no significa que debamos realizar personalmente todas las tareas que una máquina puede resolver adecuadamente.

Delegar determinadas actividades puede liberar tiempo y atención para cuestiones más importantes.

La clave consiste en reconocer qué podemos delegar, qué necesitamos supervisar y en qué situaciones conviene conservar una participación intelectual activa.

Porque trabajar con inteligencia artificial no debería significar renunciar a pensar, sino descubrir nuevas maneras de hacerlo.

El pensamiento crítico adquiere una nueva importancia

El pensamiento crítico no consiste en desconfiar sistemáticamente de todo ni en rechazar las respuestas de una inteligencia artificial.

Consiste en examinar las afirmaciones, valorar las evidencias, identificar supuestos y considerar explicaciones alternativas antes de aceptar una conclusión.

Esta capacidad resulta especialmente importante cuando interactuamos con sistemas capaces de producir respuestas fluidas y aparentemente seguras.

Una respuesta bien redactada puede transmitir una sensación de autoridad que no siempre se corresponde con su fiabilidad.

Por eso, necesitamos aprender a distinguir entre una explicación convincente y una explicación suficientemente fundamentada.

También debemos reconocer nuestros propios sesgos.

En ocasiones, podemos utilizar la inteligencia artificial para confirmar lo que ya pensábamos, en lugar de explorar argumentos que cuestionen nuestras ideas.

Una colaboración intelectual valiosa debería permitirnos hacer precisamente lo contrario: ampliar nuestra perspectiva.

La UNESCO, en su Recomendación sobre la ética de la inteligencia artificial de 2021, destaca la importancia de preservar la autonomía humana, la supervisión y la responsabilidad en el desarrollo y utilización de estos sistemas.

Esta perspectiva recuerda que la cuestión no es solamente qué pueden hacer las tecnologías inteligentes, sino cómo queremos relacionarnos con ellas.

El valor de saber preguntar

Una de las características más interesantes de los sistemas conversacionales es que permiten explorar un problema mediante preguntas sucesivas.

Podemos comenzar con una duda sencilla y avanzar progresivamente hacia cuestiones más complejas.

Pero la calidad de esa exploración depende, en parte, de nuestra capacidad para reconocer qué necesitamos comprender.

Pensemos en una pequeña empresa que quiere mejorar su productividad.

Puede preguntar:

«¿Cómo puedo utilizar inteligencia artificial en mi empresa?».

Probablemente recibirá una relación de aplicaciones y recomendaciones.

Sin embargo, una reflexión más profunda podría comenzar con otras preguntas.

¿Qué actividades consumen más tiempo? ¿Dónde se producen errores? ¿Qué tareas requieren conocimiento especializado? ¿Qué problemas afectan a los clientes? ¿Qué capacidades necesitan desarrollar los profesionales?

Estas preguntas cambian nuestra manera de observar la situación.

La inteligencia artificial puede ayudar a explorar las respuestas, pero identificar las necesidades reales de una organización exige comprender su contexto, sus personas y sus objetivos.

En ocasiones, descubrir cuál es la pregunta adecuada resulta más valioso que obtener rápidamente una respuesta.

La inteligencia no consiste únicamente en resolver problemas, sino también en reconocer cuáles merecen ser resueltos.

Un ejemplo: tomar mejores decisiones en una pequeña empresa

Imaginemos una pequeña empresa que está considerando ampliar su actividad a un nuevo mercado.

Su responsable podría solicitar a un sistema de inteligencia artificial que analizara las oportunidades y recomendara si conviene realizar la inversión.

En pocos segundos recibiría un informe con argumentos, riesgos y posibles escenarios.

Pero ¿sería suficiente para tomar la decisión?

Probablemente no.

El sistema podría desconocer información relevante sobre la situación financiera de la empresa, sus relaciones comerciales, la experiencia de su equipo o las particularidades del mercado.

Una utilización más reflexiva de la inteligencia artificial permitiría plantear diferentes escenarios, identificar variables que merecen atención y comparar argumentos favorables y desfavorables.

También ayudaría a formular nuevas preguntas.

¿Qué información necesitamos verificar? ¿Qué ocurriría si la demanda fuera inferior a la prevista? ¿Qué alternativas existen? ¿Qué consecuencias tendría equivocarnos?

En este caso, la inteligencia artificial no sustituye la responsabilidad de decidir.

Contribuye a ampliar las perspectivas desde las que una persona puede examinar su decisión.

La diferencia es importante.

Una empresa no se convierte en una organización más inteligente simplemente porque utilice herramientas avanzadas.

Puede llegar a serlo cuando consigue mejorar su capacidad para comprender problemas, aprender y actuar con mayor fundamento.

Aprender con inteligencia artificial: una oportunidad y un riesgo

La inteligencia artificial también está transformando nuestra manera de aprender.

Puede explicar conceptos difíciles mediante ejemplos sencillos, adaptar explicaciones a diferentes niveles de conocimiento, proponer ejercicios y ayudarnos a identificar errores.

Para muchas personas, estas posibilidades representan una oportunidad extraordinaria.

Un profesional puede explorar conocimientos que antes le resultaban inaccesibles. Una persona adulta puede recuperar el interés por estudiar. Un pequeño empresario puede comprender cuestiones tecnológicas o económicas sin disponer de grandes recursos.

Sin embargo, también existe un riesgo.

Si utilizamos continuamente la inteligencia artificial para evitar el esfuerzo de comprender, podemos obtener resultados aceptables sin desarrollar las capacidades necesarias para alcanzarlos por nosotros mismos.

La cuestión no es rechazar la ayuda tecnológica.

Es aprender a utilizarla de una manera que favorezca nuestra autonomía intelectual.

A veces necesitaremos una respuesta directa.

Otras veces será preferible pedir una explicación, resolver un ejercicio, contrastar argumentos o intentar encontrar primero nuestra propia solución.

La UNESCO ha abordado estas cuestiones en su guía Guidance for generative AI in education and research (2023), que examina las oportunidades y los desafíos de la inteligencia artificial generativa en los procesos educativos.

Una de las grandes cuestiones que plantea esta transformación es cómo aprovechar las nuevas herramientas sin desplazar los objetivos humanos del aprendizaje.

Aprender con inteligencia artificial debería ayudarnos a ser más capaces, no solamente a terminar antes.

Las competencias humanas que necesitamos desarrollar

En los próximos años, conocer herramientas de inteligencia artificial será importante para numerosos profesionales.

Pero el valor de una persona no dependerá exclusivamente de su habilidad para utilizar una aplicación concreta.

Las herramientas evolucionarán, aparecerán nuevas capacidades y algunas tareas cambiarán profundamente.

Por eso, conviene prestar atención a competencias que puedan conservar su relevancia más allá de una tecnología determinada.

Entre ellas destacan:

  • Pensamiento crítico: examinar respuestas, valorar evidencias y reconocer errores.
  • Curiosidad intelectual: formular preguntas y explorar nuevos conocimientos.
  • Creatividad: imaginar alternativas y relacionar ideas de diferentes ámbitos.
  • Capacidad de aprendizaje: adquirir conocimientos y adaptarse a nuevas situaciones.
  • Criterio profesional: interpretar información a partir de la experiencia y del contexto.
  • Comunicación y colaboración: compartir conocimientos y construir soluciones con otras personas.
  • Responsabilidad: comprender las consecuencias de nuestras decisiones y de la utilización de sistemas inteligentes.

Estas competencias no son completamente nuevas.

Lo novedoso es el contexto en el que tendremos que utilizarlas.

La inteligencia artificial puede modificar la manera en que las ejercemos, pero no elimina su importancia.

La Comisión Europea, en sus iniciativas sobre alfabetización en inteligencia artificial, subraya la necesidad de desarrollar conocimientos y capacidades que permitan comprender las oportunidades, los riesgos y las implicaciones de estos sistemas.

La alfabetización en inteligencia artificial no debería reducirse, por tanto, al conocimiento instrumental de unas pocas herramientas.

También necesita comprensión, criterio y responsabilidad.

Las empresas también necesitan aprender a pensar con IA

Esta reflexión tiene consecuencias especialmente relevantes para las empresas y las organizaciones.

La adopción de inteligencia artificial suele presentarse como una oportunidad para automatizar tareas, reducir tiempos y mejorar resultados.

Y esas posibilidades pueden ser importantes.

Sin embargo, incorporar herramientas no garantiza que una organización comprenda mejor sus problemas ni tome mejores decisiones.

Una empresa puede producir más informes sin mejorar su conocimiento del negocio.

Puede generar más contenidos sin comunicarse mejor con sus clientes.

Puede automatizar procesos que quizá necesitaban ser revisados antes de automatizarse.

O puede utilizar sistemas inteligentes para reforzar decisiones que nadie se ha detenido a cuestionar.

Por eso, la transformación empresarial mediante inteligencia artificial también requiere desarrollar capacidades humanas y organizativas.

Profesionales capaces de interpretar resultados. Equipos que compartan conocimientos. Responsables que formulen buenas preguntas. Organizaciones que sepan aprender de sus errores.

La verdadera oportunidad no consiste únicamente en hacer más cosas con menos esfuerzo.

Consiste también en construir empresas capaces de comprender mejor lo que hacen, aprender con mayor rapidez y tomar decisiones más fundamentadas.

Esta dimensión del aprendizaje organizativo merece especial atención en las pequeñas y medianas empresas, donde el conocimiento y la experiencia de las personas desempeñan un papel decisivo.

¿Qué deberíamos seguir haciendo nosotros?

A medida que los sistemas de inteligencia artificial amplían sus capacidades, resulta tentador preguntarnos qué tareas podrán realizar en nuestro lugar.

Es una pregunta legítima, especialmente cuando pensamos en el futuro del trabajo.

Pero quizá deberíamos acompañarla de otra:

¿Qué capacidades queremos seguir desarrollando, aunque una máquina pueda ayudarnos a realizar determinadas tareas?

Podemos utilizar inteligencia artificial para redactar, pero seguir cultivando nuestra capacidad de expresarnos.

Podemos apoyarnos en ella para analizar información, pero continuar aprendiendo a interpretar datos y reconocer incertidumbres.

Podemos pedirle nuevas ideas, pero mantener nuestra curiosidad y nuestra imaginación.

Podemos recibir recomendaciones, pero conservar la responsabilidad de decidir.

No existe una frontera universal e inmutable entre lo que deberían hacer las personas y lo que pueden hacer las máquinas.

Esa frontera dependerá de cada actividad, de sus consecuencias y de los valores que queramos preservar.

Precisamente por eso necesitamos reflexionar sobre ella.

Preguntas frecuentes sobre aprender a pensar con inteligencia artificial

¿Qué significa aprender a pensar con inteligencia artificial?

Significa utilizar sistemas de inteligencia artificial para comprender problemas, formular preguntas, explorar alternativas, contrastar información y mejorar nuestras decisiones, sin renunciar al pensamiento crítico ni a la responsabilidad humana.

¿La inteligencia artificial mejora el pensamiento crítico?

Puede contribuir a desarrollarlo cuando se utiliza para examinar argumentos, comparar perspectivas y cuestionar nuestras propias ideas. Sin embargo, aceptar automáticamente sus respuestas puede reducir las oportunidades de ejercitarlo. El resultado depende de cómo utilizamos la tecnología y del contexto.

¿Qué competencias necesitamos para trabajar con inteligencia artificial?

Además de comprender el funcionamiento y las limitaciones de las herramientas, necesitamos pensamiento crítico, curiosidad, creatividad, capacidad de aprendizaje, comunicación, criterio profesional y responsabilidad.

¿Cómo pueden las empresas fomentar el pensamiento crítico al utilizar inteligencia artificial?

Pueden promover una cultura en la que las personas contrasten información, formulen preguntas, compartan conocimientos y revisen las recomendaciones de los sistemas inteligentes antes de tomar decisiones relevantes. La formación y el aprendizaje organizativo desempeñan un papel importante.

Una invitación a pensar juntos

La inteligencia artificial seguirá evolucionando.

Aparecerán nuevas herramientas, cambiarán algunas profesiones y descubriremos aplicaciones que hoy apenas imaginamos.

No sabemos con certeza cómo se desarrollarán todos estos cambios.

Pero sí podemos decidir cómo queremos aproximarnos a ellos.

Podemos limitarnos a perseguir cada novedad tecnológica.

O podemos dedicar también tiempo a comprender sus implicaciones, desarrollar nuestras capacidades y reflexionar sobre la relación que queremos construir con estas nuevas formas de inteligencia.

Con este propósito nace IA para pensar.

Cada domingo queremos proponer una idea, una pregunta o una reflexión sobre la inteligencia artificial y su relación con las personas, el conocimiento, el trabajo y las organizaciones.

No buscamos ofrecer respuestas definitivas ni convencer a todo el mundo de una misma visión.

Queremos cultivar la curiosidad, compartir conocimientos y abrir conversaciones.

Porque quizás una de las competencias más importantes de nuestro tiempo no sea aprender a conseguir que la inteligencia artificial piense por nosotros.

Quizás sea aprender a pensar mejor con ella.


Fuentes y lecturas recomendadas

Las siguientes referencias institucionales permiten profundizar en las cuestiones abordadas en este artículo:

1. UNESCO (2021). Recomendación sobre la ética de la inteligencia artificial.

Documento internacional que aborda los principios éticos de la inteligencia artificial, la autonomía humana, la responsabilidad, la educación y la protección de los derechos fundamentales.

https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000381137

2. UNESCO (2023). Guidance for generative AI in education and research.

Guía sobre las oportunidades, los desafíos y las implicaciones de la inteligencia artificial generativa en la educación y la investigación.

https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000386693

3. Comisión Europea. Alfabetización en inteligencia artificial.

Información institucional sobre la importancia de desarrollar conocimientos, capacidades y comprensión de los sistemas de inteligencia artificial.

https://digital-strategy.ec.europa.eu/es/policies/ai-literacy

4. OCDE. Observatorio de Políticas de Inteligencia Artificial.

Recursos y análisis sobre el desarrollo de la inteligencia artificial, sus efectos económicos y sociales y las políticas para una adopción responsable.

https://oecd.ai


Sigamos pensando juntos

La inteligencia artificial está transformando nuestra manera de aprender, trabajar y tomar decisiones. Comprender estos cambios merece algo más que respuestas rápidas: también necesita preguntas, conversaciones y diferentes puntos de vista.

Si te interesan estas cuestiones y te gustaría compartir ideas, experiencias o participar en futuros encuentros informales de reflexión sobre inteligencia artificial, personas y organizaciones, estaré encantado de conversar contigo.

José Luis Morales
Impulsor de IAGenerativa.es

Puedes contactar conmigo a través de IAGenerativa.es, indicando «IA para pensar».

Una pregunta para comenzar nuestra conversación:

¿En qué situaciones crees que la inteligencia artificial te ayuda a pensar mejor y en cuáles puede estar sustituyendo un esfuerzo intelectual que sería valioso conservar?


Sobre esta colección

IA para pensar es una colección editorial dominical de IAGenerativa.es, Centro de Competencia en Inteligencia Artificial Aplicada a la Empresa.

Una invitación a comprender mejor la inteligencia artificial desde una perspectiva humana, crítica y abierta al diálogo.

Nota editorial: Este artículo se ha elaborado bajo iniciativa, dirección, criterio y supervisión humana, con apoyo de herramientas de inteligencia artificial durante el proceso de redacción y revisión. La selección del tema, el enfoque editorial y la responsabilidad sobre el contenido corresponden a su autor.